domingo, 22 de marzo de 2015

Sueños lúcidos


Sueños lúcidos  
Lo confieso, nunca antes había oído tal concepto, y desconocía por tanto que había tantas personas desde hace ya décadas investigando a fondo este fenómeno, y tanta documentación desde hace varios siglos respecto a algo que quizá tú mismo también has ¿soñado?

Entre todos los amigos con los que tengo la fortuna de compartir tantas cosas aquí,  hay una constante que se repite a menudo en comentarios, post o pensamientos dejados en el aire
LOS SUEÑOS

El Sueño. Gustave Coubert
Como con tantas otras cosas, he tenido intercambios de opiniones más íntimos respecto a los sueños con mis
amigos de este lado que con aquellos que en mi vida pública departo habitualmente.

Por ello, es un placer compartir esto que me encontré -por casualidad y enorme suerte, como ocurre con tantos encuentros de los que sólo al cabo de un tiempo advertimos cuán trascendentales llegan a ser, tanto para nosotros mismos y el/la/los encontrados- anoche en La2, en La Noche Temática:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-suenos-lucidos/3056659/

Me pareció bastante serio y muy bien documentado, característica común de los programas que nos ofrece esta serie, auténtico oasis en la cada vez más infumable tele. 


No pongo más enlaces, pues cualquiera que quiera ver más sobre el tema puede acudir, buscador mediante, a miles de páginas dedicadas a ello, y seleccionar  -arduamente, aviso: en un primer vistazo me ha dado la impresión de que muchas de ellas son esoterismo barato cuando no vende-pócimas- lo que le parezca más interesante.

Buen domingo...
Y disfrutemos de  nuestros sueños, ya sean lúcidos, atolondrados, dormidos, despiertos, colocados...




domingo, 15 de marzo de 2015

I Certamen Literario Multipremio

De mi puño y tecla acaba de convocar su Certamen Literario, al que ha llamado Multipremio.

Ciertamente lo premia casi todo, al mismo tiempo que admite cualquier formato y habilidad en la que alguien quiera expresar y transmitir lo que le apetezca.

Y el plazo, realmente amplio. Hasta yo mismo, que como sabéis peco a diario de indisciplinado y perezoso -no sé si por naturaleza o por una irresistible vocación de ir evolucionando hacia il dolce far niente- estoy pensando en participar

Enlace a la Convocatoria



 Gracias, Cielo por esta convocatoria, y suerte a todos los participantes. 
Que las Musas os acompañen y os sean propicias.




domingo, 8 de marzo de 2015

Mujer

Mi  particular homenaje a la mujer.
El día de hoy está dedicado a todas las mujeres.
Mas, al rememorar las mujeres concretas a quienes rendiré tributo, pienso especialmente en algunas.

Por y para esas mujeres que a pesar de su partida, quedaron y siempre llevamos, siempre están.

10167965_528828800562022_4716286961681874945_n.png
Martha Rivera Garrido

No te enamores

de una mujer que siente demasiado, 
de una mujer que escribe…
 
No te enamores de una mujer 
culta, maga, delirante, loca.
 
No te enamores de una mujer que piensa, 
que sabe lo que sabe 
y además sabe volar; 
una mujer segura de sí misma.

No te enamores de una mujer 
que se ríe o llora haciendo el amor, 
que sabe convertir en espíritu su carne; 

y mucho menos de una que ame la poesía 
(esas son las más peligrosas), 

o que se quede media hora 
contemplando una pintura 
y no sepa vivir sin la música.

No te enamores de una mujer 
a la que le interese la política 
y que sea rebelde 
y sienta un inmenso horror por las injusticias. 

Una a la que no le guste para nada ver televisión. 

Ni de una mujer que es bella 
sin importar las características 
de su cara y de su cuerpo.

No te enamores de una mujer intensa, 
lúdica y lúcida e irreverente.

No quieras enamorarte de una mujer así.

Porque cuando te enamoras 
de una mujer como esa, 
se quede ella contigo o no, 
te ame ella o no, de ella, 
de una mujer así . . . 

JAMAS se regresa


Martha Rivera-Garrido  es poeta, narradora y ensayista dominicana. 
Nació en 1960 en Santo Domingo, República Dominicana. Biznieta del gran poeta dominicano Gastón Fernando Deligne. 
 Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y ha vivido, además de en su país, en las ciudades de Nueva York y Miami, E.U.A. y en San Juan de Puerto Rico.
Fue coeditora de la publicación feminista Quehaceres, del Centro de Investigación para la Acción Femenina, CIPAF, y miembra del Consejo Editorial de la revista Umbral, publicada por lo que fuera el Consejo Presidencial de Cultura.
Parte de su obra ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, francés y alemán.
En el 1996 ganó el Premio Internacional de Novela Casa de Teatro, con su opera prima “He olvidado tu nombre”, la cual luego sería traducida al inglés por la profesora de la Universidad de Harvard, Mary Berg, y publicada en esta lengua por la editorial White Pine Press, con el título de “I´ve Forgotten your Name”, en el año 2004.
Entre sus obras se destaca:
-Geometría del Vértigo (poemas). Editora El Nuevo Diario. Santo Domingo, 1995.
-He olvidado tu nombre (novela). Ediciones Premio Casa de Teatro, Santo Domingo, 1997.
-I´ve Forgotten your name (novela). White Pine Press, Boston, E.U.A., 2004.
– Enma, la noche, el mar y su maithuna… (proemas). Editora El Nuevo Diario, Santo Domingo, 2013

viernes, 20 de febrero de 2015

Esa intensidad



La entrada ¿Puta o libre?   de Tequila y sus reflexiones sobre los recuerdos de cada amante "después de", me recordó un breve artículo de la sexóloga Georgina Burgos que como el tesoro que considero que es, guardo entre delicados paños desde hace años.

Fue publicado en  la página que entonces dedicaba El País Semanal a sexología, y en la que los lectores contestaban a una pregunta determinada cada semana, y se añadía en cada una la escueta reflexión de un profesional acerca del tema en cuestión. 
No recuerdo la pregunta de ese día, ni conservo la página completa, sólo me quedé con esto

“Esa intensidad tan exuberante”

El placer es una de las recompensas
más sabrosas del sexo y es lo que vemos
en primer plano. El juego también. Sin
embargo, el vínculo emocional que se
crea con la persona o las personas con
Salvador Dalí . Galatea de las Esferas
las que se comparten esos momentos
no es menos sabroso. No me refiero a
un vínculo de pareja a largo plazo, sino
a esa especie de comunión con otro ser
gracias a la comunicación intensa de
dos cuerpos que tienen la capacidad de
sentir a la vez las profundidades que les
proporciona ese contacto sexual. Luego,
cada uno podrá ir por su cuenta o
continuar junto al otro, pero esa
intensidad emocional tan placentera y
exuberante no te la quita nadie.
GEORGINA BURGOS, sexóloga
y escritora,  Barcelona






Digo  que el post al que me referí al principio me recordó este artículo porque, al contrario que a Tequila, mis encuentros sexuales sí me han creado un vínculo emocional con las personas con las que he tenido la suerte de compartir contacto físico. 
Dalí, Cabeza Rafaelesca estallando

Evidentemente, los grados de esta unión han sido muy distintos de unas a otras, y van desde un agradable recuerdo a. . . (iba a escribir "el amor más irracional", pero cuándo eso ha ocurrido realmente no nació de la pasión del encuentro físico, sino que fue la culminación tras meses de gestación y crecimiento, como la explosión de los fuegos artificiales tras el ascenso de los cohetes).
Tampoco guarda relación proporcional  la intensidad del recuerdo con la del encuentro físico, de tal forma que conservo un gran cariño de personas con las que apenas intercambié unos besos -sentidos, eso sí- y no tanto con otras con las que compartí varios polvos.

PD: Con la que hay liada en los juzgados de este país, no creo que me demanden por recordar el artículo aquí y ahora. En todo caso, si infringe de derechos de autor o su autora o el editor se sienten perjudicados por traerlo hasta aquí, la retiraré.


domingo, 25 de enero de 2015

Indignado

Hoy tenía previsto publicar una entrada que a su vez había sido inspirada por esta otra titulada ¿Puta o libre? subida a la blogosfera por Tequila
La tengo casi terminada. Apenas me falta elegir alguna imagen para dar un poco de color al texto. 

Pero al leer esta mañana detalles acerca de una noticia que ha saltado esta semana a los medios, siento que no puedo menos que expresar mi repugnancia y profunda indignación.

Corrupción de menores en el bufete de abogados la titula el periódico donde la he leído.

¿Cómo se puede ser tan cerdo? Siento vergüenza de pertenecer al mismo género que semejantes ... (no se me ocurre una palabra lo suficientemente dura que califique a seres tan abyectos)

"¿Respetables?" abogados, empresarios, y otros pretendidos próceres elegían de entre un catálogo de cientos de fotografías, a niñas que aún no han terminado de desarrollarse ni de crecer -a nivel físico, no digamos ya de madurar; me temo que esta herida, en plena adolescencia, será largo y difícil de cicatrizar- para sus fiestecitas privadas, para abusar de ellas; hasta de dos en dos en algunos casos, pues su holgada economía  les permite no reparar en gastos. En horario laboral. Imagino que  acabada la juerga, una vez saciada su asquerosa libido se iban tranquilamente a cenar a su casa, seguramente al llegar darían un beso a su legítima y a sus hijos e hijas, puede que alguna de la misma edad -incluso a lo peor compañeras de instituto o juegos- que las compradas y usadas para su desfogue.

Y la sociedad, la justicia, ¿qué hace?  
Discretas detenciones y declaraciones en pequeñas tandas ante el juez -seguramente también en horario laboral para que ni su círculo social ni su familia sospeche nada y ahorrarse así molestas explicaciones- tras lo cual... QUEDAN EN LIBERTAD. Con cargos, eso sí. Qué consuelo. Libertad con cargos. Pero libres.

La  exposición pública, escarnio, y ostracismo social es lo menos que merecen, además de, lógicamente la condena que según la Ley les corresponda, y si la Ley no es lo suficientemente dura para casos como éste, nuevas leyes que condenen tales actos como la aberración que son. 
Pero de momento, por lo que parece, siguen con su vida, sus despachos, sus cargos de renombrón como si nada. ASCO
Se culparán (ellos y algunos más, puede que muchos,  que les mostrarán su compresión y les darán su apoyo) no por lo que han hecho, si por cómo lo han hecho. Por haber sido poco cuidadosos, por haber confiado en esas alcahuetas tan chapuceras que les han llevado a esta comprometida situación. La próxima vez (seguramente desde su reservada declaración ya ha habido varias próximas veces) serán más discretos, o irán directamente a alguno de los cientos ¿miles? de lupanares de carretera y pisos exclusivos donde miles de chicas de toda clases, razas y edades son diariamente explotadas, sufriendo una vergonzante esclavitud impropia de una sociedad que se autoproclama civilizada.

Vaya por delante mi más absoluto respeto por las putas. Cada cuál que haga con su cuerpo y su vida lo que le apetezca. Ni pretendo ni soy quién para juzgar a nadie si decide LIBREMENTE canjear su cuerpo y habilidades sexuales a cambio de dinero o cualquier otra cosa. 

Caso distinto son los que pagan por sus servicios. Desprecio y rechazo social es lo mínimo que merecen.

Porque... ¿cuántas de las chicas que ofrecen su cuerpo son realmente libres? 
Supongo que haberlas, haylas. Pero a tenor de lo que demasiado a menudo vemos en los medios y las estadísticas más o menos fiables son pocas, muy pocas.
¿Cómo distingue un putero a la que decide libre y voluntariamente hacer del comercio carnal su medio de vida de la que ha sido engañada para salir de su país con la promesa de un trabajo para salir ella y sacar a su familia de la miseria y al llegar a la tierra de promisión es encerrada, violada, agredida día tras día en una interminable condena que nuestra hipócrita y biempensante sociedad ignora?

Hoy  no esperaré a buscar fotos para acompañar estas palabras; ni quiero demorar la publicación, ni sabría qué buscar.


martes, 20 de enero de 2015

Regreso


Hace nada del solsticio de invierno. Tras la noche más larga, de nuevo crecen los días. En algunos lugares se les da la bienvenida con hogueras. Menos extendidas que las del verano, pero a las que supongo igual o similar significado.
 

Quisiera ligar mi vuelta, antes que a los propósitos de año nuevo, a este renacer de la luz.

"Sólo quienes pueden admitir la luz en sus entrañas pueden expresar lo que hay en el corazón". Henry Miller, Trópico de Cáncer.

Muchas vueltas he dado en mi cabeza sobre qué escribir en esta primera entrada tras tantos meses de ausencia.

  En todo este tiempo no he dejado de estar acompañado por las letras de excelentes escritores y grandes personas.









En estos meses de ausencia he disfrutado leyendo -en silencio casi siempre- a quienes sigo, sus  palabras exquisitamente ligadas, pensamientos a la vez profundos y accesibles,  sentimientos cercanos, historias fantásticas, poemas... todo ello  generosamente compartido por mis amistades "de aquí". 

T


Tras entrar en sus casas y disfrutar tanto con sus regalos diarios me era difícil  hilvanar algo que me pareciera medianamente digno de ser colgado aquí para que otros lo lean.

Si pensaba en publicar un breve y a la vez redondo mensaje, lo descartaba al instante, al  rememorar la contundencia de Lady Uol Free en, por ejemplo, Inadvertidas pues ni un comentario he sido capaz de dejar allí a pesar de las múltiples reflexiones que esa entrada me ha inspirado desde que fue publicada. 
O cualquiera de los haikus de Bardo LaMusa
O alguno de los de Amowhor, como este que cita los sueños, tan presentes en mi vida y mis lecturas. 

Si en un mensaje sobre los motivos de mi ausencia y el renacer, venía a mi mente la -hasta la dibujada por la silueta de las palabras- belleza desplegada por Haydeé en su Renacer . ¿Cómo escribir algo sobre el mismo tema tras leer esa maravilla? 

También pensé  publicar -como si no hubiera pasado nada y no me hubiera ido sin despedirme- un cuento caliente, pero justo me crucé con esta historia de Tristán e Isolde de Magdalia Infiel 
y esta otra de Beaulog Brummel 
o la serie Ummm de Amando SPH  

O expresar mis buenos deseos, pero Manolo Blog nos cautivó con los suyos en  Lo que te deseo  justo la víspera de Reyes



Así que, puesto que me he propuesto por enésima vez volver, se me ha ocurrido hacerlo con este pequeño homenaje-agradecimiento a quienes, con sus publicaciones -incansables, y muchas veces a pesar de adversas circunstancias- tanto me han acompañado, regalado, animado, con cuyas palabras tanto he pensado, emocionado,  alegrado, excitado, . . . 

Huelga decir que no están todos los que son,
 

Y dos temas más de Queen. El último, por dos razones: Lo escuchaba en la radio mientras leía una de las entradas de arriba y porque de verdad creo que estoy rodeado en este mundo virtual de grandes personas.
No me gusta demasiado la palabra campeones, pues la asocio a competición y no soy nada competitivo. Me daba cierto pudor incluir este tema porque pareciera que osara compararme con quienes he nombrado arriba, pero ¡qué coño! Si un hincha que lo más cerca que ha tenido un balón es al otro lado del plasma dice "hemos ganado" cuando lo hace "su" equipo, ¿por qué no iba yo a incluirme en el bando de aquellos a quienes leo, sigo y de cuyas creaciones disfruto?

Por vosotr@s, CAMPEONES !!!






Mil besos, abrazos y de nuevo... MILLONES DE GRACIAS a todos;

a los que he citado arriba y a otros muchos, cuyas letras, públicas o privadas,  tanto me han ayudado.


martes, 6 de mayo de 2014

Sueño de una noche de verano

No hacía ni diez minutos que había llegado del trabajo, eran como las seis, me había quitado
las sandalias, andaba medio desnuda por casa para darme una ducha, cuando sonó un
mensaje del móvil. Lo miré, más que nada porque lo tenía al lado, no suelo tener tanta prisa.
 “A las 19:30 llego a Atocha, ¿te apetece tomar algo?” Mi corazón comenzó a palpitar con
fuerza, incluso reconozco que me puse nerviosa. “Al final se va a presentar en Madrid”. Lo
hacía con no se qué pretexto de trabajo, pero yo sabía que venía a verme a mí.
Dani hacía tiempo que había desaparecido de mi vida, un antiguo compañero de trabajo con
el que tuve una relación muy especial, nada de sexo ni mucho menos, ni siquiera un beso, sólo
conversaciones, largas conversaciones, alguna caricia y nuestros espíritus vibrando al unínoso.

Hace unos meses volvió a aparecer, me llamó, hablamos, incluso llegamos a quedar un día
que vino por Madrid, un encuentro en el que mi cabeza me decía una cosa y mi cuerpo otra.
Se lanzó y me besó. Yo no lo rehusé. Luego sólo algún correo, whatssup y poco más. Ahora
estaba sola en Madrid, una semana de trabajo, Pedro en la playa con los críos y un revuelo de
emociones en el horizonte. Contesté: “Iré. Dime hora y sitio”.

Me metí en la ducha. Me hacía falta, estaba sudando y acalorada. El agua refrescante fue
un bálsamo para mi cuerpo, pero no para mi corazón que estaba ardiendo. Dejé que el agua
acariciara mi piel y mis manos se deslizaron suavemente por todo mi cuerpo, mis muslos,
mi vientre, mi pubis, mi pecho. Noté mis pezones ligeramente enhiestos, me acaricié, me
pellizqué un poco, entonces dirigí el chorro de la ducha a mi vulva, note la fuerza del agua.
Era agradable. Con la mano libre me acaricié buscando el clítoris. Empecé a jadear levemente. Seguí un rato hasta que mi jadeo se tornó más fuerte y las sensaciones que experimentaba se convertían en mucho más intensas. Seguí y seguí, no podía parar, hasta que noté como una ola de placer inundaba mis entrañas y un pequeño flujo mucoso salía de mi vagina.

Dejé caer la ducha y sentí que las rodillas se me doblaban, mientras jadeaba con fuerza. Tardé
unos instantes en recuperar el control, me puse la toalla alrededor del cuerpo y salí hacia la
habitación. Miré el móvil de nuevo: “Eres fantástica. A las 19:45 en la consigna de la estación”. 


Eran las 19:00, apenas me daba tiempo a arreglarme y a llegar.


Me puse un vestido de algodón por encima de la rodilla que a Pedro le encantaba, porque
según él me realzaba las tetas, que yo tenía la impresión de que eran más bien pequeñas.
Sin embargo, no me puse sujetador, que siempre rellenan un poco y parecen algo más. Me
arreglé, me pinté un poquitín, me puse las sandalias rojas de tacón y me fui a la calle. En el
espejo del ascensor me miré detenidamente. Mayor, sí, pero aún deseable. No pude evitar un
escalofrío por mi espalda al recordar a Pedro y a los niños.
Llegué a la consigna de Atocha a las 19:50, allí estaba Dani, de espaldas a mí, espalda ancha, camisa blanca, pantalón oscuro, pelo muy corto y entrado en canas. Se dio la vuelta como si me hubiera visto llegar, sonrió. Sus ojos claros me miraron con ansia, mi cuerpo se sublevó como nunca hubiera pensado. Un fuego recorrió mi estómago y mis entrañas a la vez que la versión más salvaje de mí saltaba a la luz.

Corrió hacia mí y me abrazó diciendo, estás preciosa, ¡¡ los años hacen maravillas en ti !! Cada día más bella. Me ruboricé por el comentario y por la situación. Notaba su cuerpo musculoso a mí alrededor. Estaba encendida. Me separé un poco y después de algunas frases sin más sentido le pregunté, ¿en qué hotel paras?

- Ah bueno, aún ninguno, había pensado coger cualquiera más o menos cerca de la estación. A menos que tú tengas otra idea.

Joder, será descarado el tío, directo y sin rubor. Me quedé parada un instante y la hembra libre
que salía a instantes de mí, cuando la razón no pensaba más de la cuenta, dijo de repente:
“Vente conmigo a dormir a casa, hay camas de sobra”. Dije de repente, recreando la famosa
frase de Cortazar.

- ¿No te importa de verdad? ¿Y tu marido, qué va a decir?

- Bueno, en realidad no va a decir nada, está en la playa con los niños.

Sus ojos se iluminaron mientras decía, “Gracias por tu hospitalidad, intentaré no ser una
molestia”. Aunque estoy segura de que él también conocía a Julio Cortazar.

Estuvimos paseando por el Retiro un largo rato, buscando los rincones más escondidos,
a momentos nuestras manos se rozaban, o me cogía del hombro, o nos parábamos y me
miraba con una mirada que me abrasaba por dentro. Hablamos y hablamos, reímos, nos
emocionamos, estaba feliz, me encontraba como una colegiala que va de la mano de su primer novio y está esperando el primer beso. Tomamos algo en una terraza y luego fuimos hasta O´Donell a coger un taxi.
 

Fuimos a casa, mi barrio de toda la vida según le fui contando. Al entrar en el portal y oler la
cotidianeidad de mi vida me paralicé, ¿pero qué estoy haciendo? Pensé ¿Es verdad que estoy metiendo a un extraño a dormir en mi casa? Lo siguiente que recuerdo es cómo mi dedo índice marcaba el 7 del ascensor. Me miró fijamente con unos ojos que me devoraban, cogió mi talle,me acercó a él y me besó. Su lengua recorrió mi boca, saboreando cada rincón, despacio, como si el tiempo se hubiese detenido en el ascensor, mi lengua, parada, esperaba sin reaccionar, pero mis labios se entreabrieron un poco más, dejándose hacer, que es una forma, como otra de hacer. Mis barreras estaban derrotadas.

Entramos en casa y después de acomodarse en la habitación de Juan, mi hijo mayor, le ofrecí
ducharse. “Gracias, me vendría muy bien” Preparé una toalla en el baño de los niños y me fui al salón. Me senté, respiré con profundidad y de nuevo las luchas volvieron a mi cabeza.

¿Cómo es posible que me atreva a serle infiel a Pedro, con lo mucho que le quiero? Sin
embargo, por algún motivo que aún hoy desconozco, sentía que esto no tenía nada que ver
con él, que infiel es aquel que no sigue hasta el final lo que cree que tiene que vivir en cada
momento, que la fidelidad es primero a sí mismo y que en el amor no se pueden poner las
estrechas barreras que solemos levantar los seres humanos. Yo tenía la impresión de que mi
amor por Pedro no se veía alterado en lo más mínimo por lo que pudiera pasar estos días, que
la fuerza y la pureza de mi amor también pasaba por yo ser más yo, para ser capaz de darme
Entonces apareció en la puerta con la toalla como única indumentaria. Su cuerpo era
musculoso, sus piernas denotaban deporte varios días en semana, sus abdominales marcados y su sonrisa invitaban a vivir. “Ven”, me dijo. Me levanté, me dirigí hacia él, le acaricié el pecho con mis dedos y le susurré: “Hazme tuya. Hoy las barreras han caído”

Mordisqueó mi oreja, mi cuello, mientras sus manos manoseaban mi culo estrujándome
contra su pene, completamente tieso. Metió sus manos por debajo de mi vestido, acarició
mis muslos, suspiró, se echó hacia atrás y me dijo: “desnúdate para mí”. Me desconcertó.
Recuerdo en una ocasión que lo hice para Pedro, me sentía rara, sobre todo porque mi cuerpo no me acaba de convencer y me daba vergüenza. Sin embargo, hoy, como en aquella ocasión, ver los ojos de deseo del hombre que tenía delante me animó a seguir.
Muy despacio me acaricié la cara, el cuello, me llevé las manos a las tetas, me pellizqué
levemente, pasé la lengua por mis labios, luego bajé por el talle, contoneando un poco las
caderas. Puse una pierna sobre su rodilla derecha me desabroché una sandalia, luego la otra.
Le oía respirar con fuerza, mientras la perpetua sonrisa de sus labios me animaba a seguir.
Me alejé un poco, me di la vuelta y me bajé las bragas, que recuerdo se las lancé para que las
recogiera al vuelo. Después me desaté el vestido del cuello y lo dejé caer hasta el suelo. Así
completamente desnuda, de espaldas a él, permanecí unos instantes, dejando que se recreara en mi espalda y mi culo. Me di la vuelta. Su cara era de éxtasis total, me miraba con ojos de deseo encarnado en mi cuerpo de mujer, de pasión irreverente, de amor absoluto.
Se acercó diciendo, eres perfecta, eres increíble y maravillosa. Gozar de la visión de tu cuerpo
de mujer es suficiente para querer seguir viviendo, poder sentir su calor y recorrerlo con
mis manos y mis labios, basta para adentrarse un poco los misterios insondables del amor,
pero recibir tus caricias, tus miradas y tu sonrisa sobre mí, permite entender el sentido de la
Me cogió en brazos y me llevó hasta la habitación, me dejó en la cama, con las piernas en el suelo, me las abrió con suavidad y se acercó a besarme. El cuello, la

oreja, los labios. Su lengua jugando con la mía, la mía jugando con la suya, nerviosa. Le mordí un poco el labio. Buscó mis pezones a la vez que yo sentía el calor y la dureza de su polla contra mi vulva. Me chupó y me volvió a chupar. Su lengua trazaba pequeños círculos alrededor de mis tetas. Mis pezonesestaban duros, sus chupetones, lamidas y mordiscos me estaban poniendo a cien. Sus manos permanecieron acariciando mis tetas mientras su boca buscaba más abajo, mi vientre, mi ombligo, mi … Su lengua empezó a recrearse con mi coño, muy, muy despacio. No hay mañana para quien lo tiene hoy todo. Subí las piernas a la cama, él me agarró de las caderas, subió un poco mi culo y siguió lamiendo despacio, recorriendo todos los rincones de mi ser más íntimo.

Empecé a jadear un poco, me gustaba, me gustaba mucho, sentía pequeñas oleadas de placer, vibraciones eléctricas que acompañaban cada movimiento de su lengua.

-“Sí, sí, sigue, sigue, no te pares ahora” le pedí casi a gritos. Los orgasmos empezaban a llegar.

Él, como ajeno a todo, seguía surcando mi intimidad, abriendo en canal mi ser entero. Fue
entonces cuando noté su polla entrando en mí, como todo, muy despacio, muy despacio,
recreándose en cada sensación y cada estímulo. Era yo la que con ansia le pedía más y más.
Me cogió las piernas, las puso sobre sus hombros, y un mar de sensaciones llegó hasta mí.
Su polla, dura y fuerte, como todo su ser, entraba y salía con agilidad, pero sin ansia, su
penetración, profunda, parecía tocar el fondo de mis entrañas. Me corrí una vez, y creo que
dos, notaba sus huevos golpeándome con cada embestida.
 

Sin mediar palabra se tumbó en la cama, y casi en volandas me puso encima de él, su polla
me volvió a taladrar, pero ahora era yo quien mandaba, yo llevaba las riendas. Empecé a
moverme, cabalgando sobre él como una amazona que no tiene horizonte, mis movimientos
le agitaban más y más, el movimiento de mis tetas delante de sus ojos, mi mano acariciando

sus huevos y mis palabras, “quiero follarte, follarte y que te corras dentro de mí, que te corras
como nunca lo has hecho”, hacían que él poco a poco se empezase a mover también con ansia animal, con ganas de hombre en celo que busca su hembra. Me sentía libre, ligera, como si mi cuerpo y mi alma fuesen uno.

Un chorro cálido inundó mi interior, otro, y aún otro más. Creo que perdí la consciencia
tumbada sobre su pecho, sintiendo las caricias de sus dedos en mi espalda y sus palabras
cálidas en mis oídos.

Cuando me desperté, no estaba allí. Me levanté, fui a buscarlo a la habitación de Juan. Nada.

El comedor, la cocina, el baño. Nada. Ni un solo indicio de que lo que me decía mi memoria
hubiese sido real. Nada.

Fue entonces cuando vi la nota en la mesilla.

“Te espero cuando miremos al cielo de noche: tu aquí yo allí”

Mario Benedetti


Debemos este relato y sus fotos  a FemmeFatale, que gentilmente lo ha enviado para  publicar aquí.
Gracias por tu colaboración. 
Un abrazo